Comienza el Taller de Orientación Vocacional en OSEP

El próximo miércoles 22 de marzo, de 18 a 20, en en segundo piso del edificio Xeltahuina, Salta 877, de Ciudad, el programa “Adolescencia” dará comienzo al Taller de Orientación Vocacional, dirigido a jóvenes que se encuentren cursando los últimos años de la escuela secundaria y tendrán una duración de 8 a 10 encuentros semanales.

Para los interesados, los informes e inscripciones se llevan a cabo tanto en las oficinas del programa como al teléfono 4419288, de lunes a viernes, de 8 a 20.

Su referente es el licenciado Pablo Mazzitelli, psicopedagogo del equipo de “Adolescencia” quien, a través de un esquema muy explicativo, nos muestra el aporte que ofrece la Obra Social al proceso orientación en una etapa tan significativa para los chicos.

foto

Vengo a que me hagan el Test Vocacional”

“Muchas veces, esta es la frase con la que adolescentes que cursan los últimos años del secundario se acercan a quienes realizamos Orientación Vocacional en busca de una “receta mágica” que les diga con certeza absoluta lo que deben estudiar en la universidad. Muchas otras son los propios padres los que se acercan, solicitando el “test vocacional” para sus hijos.

Lo cierto es que la elección de la futura profesión u ocupación está cargada de un sinfín de ansiedades y temores. Para los jóvenes representa la primera decisión personal de la que deben hacerse responsables tanto de lo positivo como de lo negativo que puede derivar de ella; esto abre la puerta a las múltiples decisiones que la vida adulta deparará: matrimonio, hijos, educación, lugar de trabajo; varias de ellas mucho más trascendentes pero ninguna tan cargada de inseguridades como la vocacional, por ser la primera. Podríamos decir que representa para el adolescente el primer contacto con las responsabilidades del mundo adulto.

Por su parte, la familia también se ve involucrada en esta carga de ansiedad. Muchos padres depositan en las elecciones de sus hijos sus propias expectativas no alcanzadas, proyectando en los jóvenes el deseo de ver realizados sus propios sueños, muchas veces truncados. Otros, habiendo vivido experiencias de estudio o laborales que consideran negativas, tratan de llevar la elección de sus hijos por caminos diferentes a los que ellos transitaron, con el afán de protegerlos. Tampoco faltan aquellos padres que ante el planteo de sus hijos de realizar actividades relacionadas con lo artístico u oficios que los alejan del mundo profesional, ven frustradas las expectativas que tenían sobre sus hijos, tal vez desde la cuna, sintiendo que desaprovechan su capacidad o las posibilidades que ellos no tuvieron cuando adolescentes y hoy pueden brindarles a sus hijos con el sacrificio y trabajo cotidiano.

Este conjunto de sentimientos, expectativas, sueños y miedos, teje una compleja red que no es posible desenmarañar con un único “test”, sino que debe ser trabajada a partir de un “proceso” donde los adolescentes reciban herramientas que tengan que ver con una metodología de elección que pueda ser usada también en el rosario de decisiones que la vida adulta les tiene preparadas.

Vamos por pasos. Imaginemos que debemos construir una mesa y es necesario asentar la tabla principal en patas que le den la solidez necesaria. En nuestro ejemplo, la tabla principal será la elección vocacional.

Si le colocamos una sola pata en el centro, la tabla se sostendrá con un delicado equilibrio, tanto que si colocamos peso en cualquiera de sus esquinas, toda la estructura se derrumbará hacia ese lado. Esto ocurre cuando la elección de la carrera u ocupación se realiza teniendo en cuenta, por ejemplo, solamente “lo que me gusta”. Aquí también es donde aparece la confusión con “test de orientación vocacional”, porque existen varios test de intereses en planillas o informatizados que, a partir de dar respuestas a una extensa lista de preguntas, arrojan resultados sobre carreras a seguir. Estos aparecen en revistas, internet, guías de carreras, escuelas, por lo que su acceso no es difícil pero si hay que ser cuidadosos al elegir solo a partir de estas herramientas, que son útiles pero dentro de un proceso y acompañadas de la orientación de profesionales.

Luego se desprende la necesidad de agregar otras “patas” a la de los intereses, que sostengan nuestra “mesa” e incluimos la “capacidad”. Aquí evaluamos aquello que realizamos con mayor facilidad o dificultad, no para descartar lo que nos cuesta sino para saber que hacerlo requerirá mayor esfuerzo de nuestra parte y prepararnos para ello, incorporando las herramientas necesarias. Además el poder combinar lo que nos gusta con lo que nos sale bien, va dando solidez al proceso.

Posteriormente, es tiempo de agregar una tercera pata que logre estabilidad en nuestra construcción. Se trata de estudiar nuestra “personalidad”, nuestra forma de ser. Esto es importante porque una actividad laboral debe enriquecer a la persona y mirar hacia el mundo interno, y la vida de relación será fundamental para descubrir aquellos ambientes y actividades que nos brindan equilibrio y bienestar o felicidad.

Finalmente, la cuarta pata, que hace posible el logro de un mueble estable que no se tumbará ante presión en cualquier punto de la estructura, es la “realidad”. Aquí se aprende a buscar información sobre toda la oferta de estudio presente, comparar las carreras, evaluar la duración de las mismas, sus posibilidades y ámbitos laborales, los costos económicos que implica su estudio, la visita a los centros de formación o el acercamiento a quienes ya están desarrollando esa actividad o profesión. Todo esto se desarrolla asumiendo un rol activo de búsqueda que exige poner en movimiento todos los medios personales disponibles para captar datos valiosos, en vez de quedarse esperando pasivamente que esta información llegue.

Ahora, con las cuatro patas colocadas, nuestra mesa ya tiene un sustento. Será el momento de lustrarla para darle al trabajo un acabado de calidad. Este lustre es el momento de la elección – decisión.

Elegir es optar, seleccionar, inclinarse por algo. Decidir implica un compromiso más profundo, ya que es accionar, poniendo en juego todos los recursos personales en la dirección elegida.

Cuando decido, automáticamente descarto las demás opciones, las elimino, asumo los riesgos y beneficios de tomar aquel camino y no los otros.

Este paso está acompañado angustia, por desechar lo que no seré pero, una vez en camino, se fortalece la serenidad que brinda el haber escuchado ese “vocare” o llamado interior a ser eso que elegí.

En conclusión, el proceso de orientación vocacional está completo y las probabilidades de acierto son altas, porque ya no se trata de elegir una carrera, sino un “proyecto de vida”; sin embargo siempre queda un mínimo margen de error y es bueno que así sea, porque formar una personalidad madura también conlleva el aprender de las fallas, asumir riesgos y aventurarse en la construcción de una vida donde siempre hay posibilidades de recomenzar”

         

Comments are closed.